Museo del Mar

Un viaje al pasado de la población

¿Sabías que...?

Un ejemplo del tipo más tradicional de mascarón es el que ornaba la proa de la corbeta Blanca Aurora, construida en Lloret de Mar en 1848, en los astilleros de Agustí Pujol. Fue tallado por Francesc Pascual Granés y es un retrato de la hija del capitán y armador Silvestre Parés, Maria Parés, fallecida joven. En 1883 el mascarón regresa a Lloret desde Río de Janeiro y la pieza original, durante la Guerra Civil, fue depositada en el Museo Marítimo de Barcelona, donde todavía se conserva. La que vemos en el Museo del Mar de Lloret es una reproducción digna de su original.

El Museo del Mar está ubicado en la antigua Casa Garriga. Este edificio, construido en la segunda mitad del siglo XIX y situado en el paseo Verdaguer, es el emblema de un pasado glorioso, cuando algunos lloretenses lo dejaron todo para buscar fortuna en las Américas.

Hacia el año 1860, Enrique Garriga i Mataró emprendió su periplo hacia tierras cubanas, concretamente a Cienfuegos, donde, junto con su hermano, creó una empresa de materiales de construcción. Los Garriga hicieron una gran fortuna y en el año 1887 encargaron la construcción de la casa familiar en su pueblo natal, Lloret de Mar. Esta casa, testigo presente del legado de los indianos —aquellos que se marcharon en busca de fortuna—, es una de las pocas que todavía quedan en pie en Lloret junto con la Casa Font o Can Comadran, situadas en el casco antiguo. En el año 1981, el Consistorio del Ayuntamiento adquirió la casa para convertirla en un museo local. Con los años, la caducidad del modelo museográfico y la necesidad de modernización de los usos condujeron a las reformas realizadas a través de un nuevo proyecto, que convirtió Can Garriga en el nuevo Museo del Mar. Es más que un simple museo ya que, gracias a su ubicación céntrica y privilegiada, se ha convertido en las puertas del Museo Abierto de Lloret (MOLL). Gracias a las nuevas técnicas de musealización y la incorporación de elementos didácticos y lúdicos, el visitante del Museo del Mar se ve inmerso en un auténtico viaje por la historia de Lloret y su estrecha vinculación con el mar.

Navegamos por la historia

El itinerario se divide en cinco ámbitos: Hijos del mar, Mediterráneo, Las puertas del océano, Lloret después de los veleros y Más allá de la playa. Un recorrido que va desde la navegación de cabotaje que se realizaba en el Mediterráneo hasta la gran navegación de altura a través del Atlántico. El visitante descubre un Lloret donde en los astilleros se trabajaba frenéticamente y la arena de la playa estaba ocupada por mujeres que remendaban las redes para que los hombres pudieran utilizarlas en la siguiente jornada de pesca. En la época dorada de la marina mercante, durante la primera mitad del siglo XIX, el pueblo vibraba con los perfumes caribeños de productos como el tabaco, el cacao, el ron o las maderas preciosas como la caoba, que los indianos utilizaban para decorar sus casas. Durante la segunda mitad del siglo XIX, hacia 1860-70, la prosperidad ochocentista entró en decadencia. Los inventos que el nuevo siglo traerá consigo, y en particular el barco de vapor, supondrán la desaparición en Lloret de la ancestral tradición de la navegación a vela. Se regresará a actividades de subsistencia como la pesca y la agricultura. Pero el siglo XX, con sus nuevas modas y el nacimiento de nuevos fenómenos de masas como el tiempo libre dedicado a las vacaciones, traerá consigo la actividad definitiva que cambiará una vez más la economía local: el turismo. Desde bien entrados los cincuenta, la economía de la población de Lloret se dedica, con todas sus energías, al sector terciario de los servicios y el turismo.

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